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La actriz y directora Dolores Fonzi de la película Belén

La actriz y directora Dolores Fonzi. © Amazon MGM Studios

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Dolores Fonzi dirige Belén, el caso real símbolo de la lucha por el aborto legal en Argentina

  • La actriz y directora argentina Dolores Fonzi cuenta cómo llevó al cine el caso de Belén, la joven encarcelada tras un aborto espontáneo, y reflexiona sobre los retrocesos en los derechos sexuales y reproductivos en su país.
Alberto Senante, Colaborador de Amnistía Internacional,

En Belén, disponible en Amazon Prime Video, Dolores Fonzi se pone detrás y delante de la cámara para contar la historia real de una mujer que fue encarcelada en Tucumán tras sufrir un aborto espontáneo. Su caso, acompañado por organizaciones como Amnistía Internacional, se convirtió en símbolo de la lucha de miles de mujeres argentinas por el derecho a decidir.

¿Qué te llevó a dirigir Belén, la película sobre el caso real de una mujer encarcelada tras un aborto espontáneo en Argentina?

Cuando fui nominada a un premio en 2016, Belén seguía presa. Al subir a recibirlo, lo hice con un cartel que decía “Libertad para Belén” y hablé sobre los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en Argentina y en toda Latinoamérica. En ese momento, el aborto todavía no era legal en el país.

Dos años después se publicó el libro Somos Belén, de Ana Correa, y tiempo más tarde, desde Prime Video me propusieron reescribir el guion, actuar y dirigir la película. No podía decir que no. Sentí el peso de la responsabilidad, pero también que era una historia que me atravesaba profundamente. Me habían ofrecido otros proyectos, pero ninguno resonó tanto conmigo como este.

¿Por qué el caso de Belén se convirtió en un símbolo del feminismo y la lucha por el derecho al aborto legal en Argentina?

En 2015 estalla el movimiento Ni Una Menos, una marcha feminista multitudinaria que marca un antes y un después en Argentina. Fue la primera vez que vimos a tantas mujeres en las calles reclamando juntas contra la violencia machista y por nuestros derechos. La campaña por el derecho a un aborto legal, seguro y gratuito venía de mucho antes, sus fundadoras ahora tienen más de 90 años, pero Ni Una Menos le dio una fuerza popular enorme.

Belén ya estaba presa desde 2014, y el movimiento puso sobre la mesa estas problemáticas de emergencias obstétricas y los limbos legales que llevaban a mujeres pobres a ser encarceladas injustamente. La periodista Mariana Carvajal fue la primera en publicar su historia en un diario nacional, se empieza a exponer el caso y toda la movida del Ni una menos se suma al reclamo por la libertad de Belén, que dejó de ser solo una persona para convertirse en el nombre de muchas mujeres criminalizadas por su condición social y por ser mujeres. Su caso se transformó en un símbolo de la injusticia y en un grito colectivo por el derecho a decidir.

“Belén habla de una injusticia que sigue ocurriendo: mujeres criminalizadas por ser pobres y por ser mujeres. Por eso no hay una Belén, hay miles.”

 

¿Qué parte de la historia real fue la más difícil de llevar al cine y cómo lo resolviste?

Tomé varias decisiones pensando en el respeto hacia Belén y su anonimato. No podía exponer aspectos íntimos de su familia ni de su vida personal. Porque en realidad, Belén hay muchas: mujeres anónimas en todo el mundo que pasan por situaciones parecidas y no reciben atención ni justicia.

La escena más difícil fue la primera. Mostrar lo que ocurrió esa noche en la clínica fue durísimo. Belén llega con una emergencia obstétrica, termina en el quirófano y, cuando despierta, tiene a cuatro policías observándola y está esposada en la camilla. Es un momento que concentra toda la violencia institucional que sufrió.

Para equilibrar esa dureza, decidimos centrar la película en la figura de Soledad Deza, su abogada, y en el movimiento que se organizó para liberarla desde la agrupación Mujeres por Mujeres de Tucumán: cómo se arma el movimiento, cómo trabajan para sacarla de la cárcel. Esta es la parte más vital y esperanzadora de la historia.

¿Cómo han recibido la película tanto ella como su abogada y su entorno más cercano? ¿Participaron en la preparación de la película?

Belén está muy contenta, no podía creer que se hiciera una película sobre su caso. A la vez tenía miedo porque no sabía qué iba a pasar, pero finalmente terminó muy contenta, muy conmovida y muy agradecida. Me dijo que Belén fue como un broche de oro para cerrar una parte trágica de su vida. Sentir que su caso podía inspirar a otras mujeres le dio mucha paz.

En cuanto a su abogada, Soledad Deza —a quien interpreto en la película—, estuvo disponible todo el tiempo, con el WhatsApp abierto las 24 horas, contestando todas las preguntas, todas las dudas. Reescribimos el guion en función del libro de Ana Correa y de su libro jurídico sobre el caso, donde se cuentan muchos hechos reales que están en la película. Soledad fue muy generosa, fuimos a Tucumán, a su casa, estuvo muy en contacto con nosotras y nos ayudó siempre.

Ana Correa y Dolores Fonzi posan con el libro Somos Belén, inspiración de la película sobre una mujer encarcelada tras un aborto espontáneo en Argentina.

La escritora Ana Correa y la actriz y directora Dolores Fonzi durante la presentación del libro Somos Belén, que inspiró la película homónima basada en un caso real en Argentina. © Amazon MGM Studios

¿Qué papel jugaron Amnistía Internacional y otras organizaciones de derechos humanos en la campaña por su liberación?

Fue muy importante cuando aparecieron las organizaciones de derechos humanos: Amnistía Internacional, Ni una menos, Pan y Rosas, el CELS… Entonces empezás a entender que algo está pasando, que eso tiene un peso y un significado, empezás a sentir que hay una red en la que apoyarse.

La presencia de esas organizaciones te hace sentir protegida, acompañada y te da fuerza para seguir avanzando. Se agradece mucho el apoyo, pero no solo de Amnistía Internacional, sino de cualquier organización local porque te hacen sentir el poder del trabajo colectivo, el poder de la unión. Es eso lo que pasó con Belén para que la liberasen. A eso es a lo que hay que apuntar.

¿Qué retrocesos ves hoy en los derechos sexuales y reproductivos en Argentina?

La ley del aborto legal sigue vigente, pero el gobierno encontró la manera de vaciarla de contenido: quitarle los recursos y los insumos necesarios para aplicarla. El aborto con medicación cuesta casi el 20% de un sueldo mínimo, y al eliminar la financiación estatal, incluso en hospitales públicos, las mujeres tienen que pagar esa suma.

“La ley del aborto sigue vigente, pero la están vaciando de recursos. El derecho termina siendo para quien puede pagarlo, y eso también es violencia.”

Entonces, el derecho termina siendo para la gente que tiene más recursos, y quienes tienen menos son las que se ven más afectadas por un gobierno que desfinanció los programas que tienen que ver con los derechos humanos. Así que no se atrevió a tirar la ley para atrás, no creo que lo hagan porque sería un suicidio político en caso de que lo intenten, pero están atacando por otros frentes: eliminaron el Ministerio de la Mujer, quieren sacar la educación sexual integral de las escuelas bajo el argumento de que es “adoctrinamiento”… Es un retroceso enorme, una payasada infernal; como digo siempre, pero también una señal de que tenemos que seguir defendiendo lo que costó tanto conseguir.

¿Cómo ha sido la acogida de la película en los primeros festivales como San Sebastián y qué reacciones esperas que genere?

Es una película que, más allá de la militancia, más allá del feminismo, más allá del aborto, es una película que habla de la injusticia. Lo que más me enorgullece es que se valora como cine. No es un documental, sino una película con fuerza narrativa, con épica, con personajes que te agarran y no te sueltan. Quienes la ven se conmueven, agradecen que se haya contado esta historia y recuerdan que hubo un momento en que Argentina logró algo enorme.

Mi esperanza es que Belén despierte conversaciones, memoria y, sobre todo, la idea de que si entonces pudimos cambiar las cosas, hoy podemos seguir haciéndolo.

¿Cómo influyó tu activismo y tu mirada feminista en tu forma de hacer cine?

Mira, cuando desde el guion, la actuación o la dirección, la persona en el proceso creativo da algo de lo personal, de lo íntimo, está entregando algo. Eso tiene un valor y se puede volver universal. Hay algo de la película que tiene mucha autorreferencia a mi persona, creo que cuando uno da algo verdadero, eso tiene un rebote que es imposible que sea malo.

Hay artistas que crean solo desde la cabeza, y está bien, pero yo necesito hacerlo desde un lugar más vital. Desde que soy militante, me fue mejor como actriz que antes, porque entendí que el arte también es memoria y compromiso.

Cuando nos piden que los artistas “solo actuemos”, se olvidan de que nuestro trabajo justamente es ponerle cara e imagen a lo que sentimos como sociedad: a los dolores, a las luchas, a lo que necesita cambiar. Yo encontré mi voz cuando entendí que lo que soy es lo que puedo dar. Y cuando doy me llega devuelto con creces.

“El cine puede ser una forma de justicia. En Belén quise transformar una historia dolorosa en algo que inspire cambio.

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